
C.P.C. Gloria Arévalo Reyes
Integrante de la Comisión de Normas de Información Financiera y de la Comisión de Síndicos y PRODECON.

Lic. en Psic. Itzel Delgadillo Arévalo
Históricamente, la relación entre la medicina y la psicología en México fue de profunda resistencia. Durante décadas, el gremio médico redujo la labor del psicólogo a la de un simple ‘técnico aplicador de pruebas’, un asistente encargado de la psicometría, pero carente de autoridad para diagnosticar. Para la visión médica de la época, si un malestar no era observable bajo el microscopio o en una disección, caía en el terreno de la charlatanería.
Esta rivalidad técnica escondía un debate ético: mientras los médicos debatían que se debía estudiar la fisiología y lo cuantificable para poder intervenir en la salud; los psicólogos enfatizaban el modelo biopsicosocial, pues demostraban que el modelo biomédico era insuficiente para problemas como la depresión, la ansiedad o el trauma, que no siempre responden a una pastilla.
En México, tuvimos dos eventos clave para que los médicos y los psicólogos comenzarán a verse como colegas que debían trabajar de la mano:
El terremoto de 1985
La mañana del 19 de septiembre de 1985, un sismo de magnitud 8.1 impactó gravemente a la Ciudad de México y a otras regiones del país, provocando miles de muertes y una devastación material sin precedentes. Tras el sismo, México no solo despertó entre escombros físicos, sino ante una fractura profunda en su psique colectiva.
L a aparición masiva del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), la tremofobia y duelos patológicos por pérdidas repentinas evidenció que la recuperación de una nación no depende únicamente de la reconstrucción hospitalaria y urbana, sino también de intervenciones psicológicas especializadas en crisis y trauma. Fue en este escenario donde comenzó a consolidarse la comprensión de
que la atención integral a la salud requería la colaboración estrecha entre médicos y psicólogos, reconociendo que el bienestar humano es un sistema complejo que no puede fragmentarse.
La Pandemia de COVID – 19 (30 de marzo de 2020 – 9 de mayo de 2023)
Décadas después, la pandemia por COVID – 19 representó una segunda ruptura significativa que consolidó la necesidad del trabajo interdisciplinario en México. A diferencia del sismo, la pandemia fue una crisis sostenida y silenciosa que saturó la psique colectiva durante años.
Organismos internacionales estimaron que, durante el primer año de la pandemia, los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron aproximadamente un 25% a nivel mundial. En México, el miedo al contagio, el confinamiento, la incertidumbre económica y el duelo por pérdidas masivas generaron una crisis paralela de salud mental.
El personal sanitario de primera línea fue particularmente vulnerable. Las jornadas extenuantes, la escasez inicial de recursos y la constante exposición a la muerte favorecieron la aparición del Síndrome de Desgaste Profesional (burnout) en niveles críticos. Muchos profesionales de la salud asumieron, además, el rol de único acompañamiento emocional para pacientes terminales, intensificando la carga psicológica.
Este escenario obligó a las instituciones médicas a replantear sus posturas tradicionales respecto a la salud mental. Se hizo evidente que un médico emocionalmente agotado no solo sufre a nivel individual, sino que también puede ver comprometida su capacidad de juicio clínico y su desempeño profesional. La salud mental dejó de percibirse como un complemento y comenzó a entenderse como un componente estructural del sistema de salud.
Una lección extrapolable a otros gremios profesionales
La experiencia vivida en el ámbito sanitario ofrece una lección aplicable a otros sectores altamente demandantes, como el gremio contable. Durante la pandemia y las reformas fiscales consecutivas, muchos profesionales enfrentaron presiones sostenidas, sobrecarga de trabajo y agotamiento cognitivo. Fenómenos como la fatiga por compasión hacia clientes en crisis económica y el estrés crónico por cumplimiento normativo mostraron que el desgaste psicológico no es exclusivo del ámbito médico.
Al igual que ocurrió en la medicina, la contaduría contemporánea requiere reconocer que el desempeño técnico está intrínsecamente vinculado al bienestar emocional del profesionista. La salud mental no constituye un lujo ni un elemento accesorio, sino una condición esencial para la toma de decisiones responsables y éticamente sólidas.
El costo invisible del balance: Riesgos psicológicos específicos
La contaduría pública en México se encuentra entre las profesiones con alta exposición a factores de riesgo psicosocial, aunque estos suelen ser subestimados tanto por los propios profesionales como por las organizaciones en las que colaboran. En este contexto, la gestión de la salud mental no debe considerarse un elemento accesorio, sino un componente estratégico del ejercicio contable sostenible.
En la práctica contable, el riesgo no solo es financiero o legal; existe un desgaste cognitivo y emocional derivado de la naturaleza misma de la profesión. A continuación, desglosamos los factores de riesgo que impactan la salud mental del contador:
I. Hipervigilancia y Miedo al Error (Ansiedad por Cumplimiento)
A diferencia de otras profesiones donde el error puede corregirse con una fe de erratas, en la contabilidad un dedo mal colocado o una interpretación errónea de la miscelánea fiscal puede derivar en multas millonarias, auditorías o responsabilidad penal para el cliente. Esto genera un estado de alerta permanente. La mente del contador nunca “cierra el ejercicio”, lo que deriva en insomnio y una incapacidad crónica para desconectarse incluso en periodos vacacionales.
II. Sobrecarga Cognitiva por Infodemia Legislativa
El contador mexicano vive en un estado de actualización forzosa. La velocidad con la que cambian las leyes, los complementos de facturación y las plataformas institucionales (como el SAT o el IMSS) satura la capacidad de procesamiento del cerebro. Cuando el volumen de información nueva supera la capacidad de análisis, aparece la parálisis por análisis o el agotamiento ejecutivo, donde tareas sencillas comienzan a percibirse como montañas imposibles de escalar.
III. Responsabilidad Fiduciaria y Fatiga por Compasión
Muchos contadores actúan como el último bastión de defensa de las empresas familiares o pequeños emprendedores. Escuchar las angustias financieras de los clientes y cargar con la responsabilidad de “salvar” un negocio genera una carga emocional silenciosa. Se desarrolla una empatía desgastante donde el profesional asume como propios los problemas económicos ajenos, descuidando su propia estabilidad emocional.
IV. Conflicto ético y presión indebida
El ejercicio de la contaduría pública se encuentra intrínsecamente vinculado a principios de legalidad, objetividad e independencia. No obstante, en la práctica cotidiana pueden presentarse situaciones en las que el profesional enfrenta presiones directas o indirectas para adoptar criterios favorables al cliente, suavizar interpretaciones normativas o postergar reconocimientos contables que podrían afectar resultados financieros.
Este conflicto ético genera una tensión interna significativa. Por un lado, el contador tiene la responsabilidad fiduciaria de proteger los intereses de su cliente; por otro, está obligado a cumplir con el marco normativo, los principios de ética profesional y su deber de independencia técnica. Cuando ambas dimensiones entran en contradicción, se produce lo que en psicología organizacional se denomina estrés moral.
El estrés moral aparece cuando el profesional sabe cuál es la acción correcta desde el punto de vista técnico y ético, pero percibe presiones que dificultan actuar conforme a ese criterio. Esta disonancia cognitiva y moral puede generar:
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- Ansiedad anticipatoria frente a reuniones o
revisiones. - Sentimientos de culpa o ambivalencia.
- Temor a perder clientes o ingresos.
- Deterioro progresivo del compromiso profesional.
- Ansiedad anticipatoria frente a reuniones o
En contextos sostenidos, la presión indebida puede erosionar la identidad profesional y afectar la autoestima técnica del contador, incrementando el riesgo de agotamiento emocional y desgaste ético.
La prevención de este riesgo no depende exclusivamente del individuo. Las organizaciones y despachos deben fomentar culturas de integridad, canales seguros de comunicación y políticas claras que respalden decisiones técnicas sustentadas, reduciendo así la exposición del profesional a conflictos que comprometan su estabilidad emocional y su juicio independiente.
V. Aislamiento Técnico y Sedentarismo Social
Las largas jornadas frente a hojas de cálculo y plataformas digitales favorecen un entorno de trabajo aislado, en el que la interacción humana suele limitarse a correos electrónicos, requerimientos técnicos o comunicaciones estrictamente operativas. Esta dinámica puede generar una progresiva sensación de soledad profesional, particularmente cuando no existen redes de apoyo dentro del equipo o espacios de intercambio colaborativo.
Cuando el contador percibe que la complejidad de su labor no es comprendida por su entorno, aumenta el riesgo de desmotivación, desgaste emocional y síntomas depresivos subclínicos. El aislamiento sostenido no solo impacta el bienestar individual, sino que también puede afectar la calidad del desempeño profesional y la toma de decisiones.
En este punto cobra relevancia el marco normativo mexicano. La NOM-035-STPS-2018 reconoce los factores de riesgo psicosocial derivados de condiciones organizacionales adversas, incluyendo la falta de liderazgo, la escasa comunicación y la ausencia de apoyo social en el trabajo. Esta norma no solo valida estas experiencias, sino que obliga a las organizaciones a identificarlas, analizarlas y establecer medidas preventivas para evitar el deterioro del entorno organizacional.
Estrategias de Mitigación: Hacia un Ejercicio Contable Sostenible
Reconocer los riesgos psicosociales asociados a la práctica contable constituye el primer paso hacia su prevención; el segundo consiste en implementar mecanismos estructurales y personales que funcionen como barreras de protección. La sostenibilidad profesional no depende unicamente de la capacidad técnica, sino también de la gestión consciente del entorno organizacional y del autocuidado individual.
Tanto el profesionista independiente como los socios y directivos de despachos pueden adoptar medidas concretas orientadas a preservar la salud mental y fortalecer la calidad del desempeño técnico.
I. Gestión del entorno organizacional (nivel despacho)
A. Implementación de la revisión por pares (Peer Review)
Establecer una cultura de “cuatro ojos” en procesos críticos —declaraciones anuales, dictámenes, capitalizaciones, reestructuras fiscales o interpretaciones complejas— no debe interpretarse como desconfianza, sino como una estrategia de control de calidad y protección psicológica.
La revisión por pares:
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- Reduce la carga individual de responsabilidad.
- Disminuye la hipervigilancia crónica.
- Fomenta la colaboración técnica.
- Previene errores derivados de la fatiga cognitiva.
Al distribuir la responsabilidad técnica, se diluye la ansiedad individual por el error y se fortalece la seguridad profesional colectiva.
B. Canales formales de consulta ética
El conflicto ético y la presión indebida son factores de desgaste emocional relevantes en la práctica contable. Por ello, resulta indispensable crear espacios seguros y confidenciales, donde los colaboradores puedan exponer presiones de clientes, dudas normativas o situaciones ambiguas sin temor a represalias.
La institucionalización de canales de consulta ética permite:
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- Transformar el estrés moral en análisis colectivo.
- Proteger la independencia profesional.
- Evitar decisiones impulsivas bajo presión.
- Fortalecer una cultura organizacional basada en la integridad.
Cuando el dilema deja de ser individual y se convierte en responsabilidad compartida, disminuye significativamente el impacto psicológico.
C. Uso estratégico de la NOM-035-STPS-2018
La NOM-035 no debe percibirse como un mero requisito administrativo, sino como una herramienta de diagnóstico preventivo. Aplicada de manera estratégica, permite identificar:
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- Picos de carga laboral.
- Áreas con deficiencia de liderazgo o apoyo social.
- Factores de riesgo asociados a jornadas extensas.
En despachos contables, puede utilizarse para anticipar temporadas críticas —como cierres fiscales o declaraciones anuales— y redistribuir tareas antes de que el agotamiento estacional se convierta en burnout estructural. La prevención resulta menos costosa que la recuperación emocional posterior.
II. Autocuidado y límites profesionales (nivel individual)
A. Protocolos de desconexión digital
La hiperdisponibilidad permanente, especialmente a través de canales informales como mensajería instantánea, alimenta la hipervigilancia y erosiona el descanso cognitivo necesario para el juicio profesional.
Establecer horarios definidos para la atención a clientes, comunicar límites claros y respetar espacios de desconexión no constituye falta de compromiso, sino una práctica de responsabilidad profesional.
El descanso adecuado:
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- Mejora la toma de decisiones.
- Reduce errores por fatiga.
- Disminuye la ansiedad anticipatoria.
- Preserva la claridad técnica.
Un contador agotado no es más eficiente; es más vulnerable al error.
B. Gestión consciente de la “infodemia” legislativa
La actualización técnica es una obligación permanente, pero su consumo desordenado genera fragmentación de la atención. Para evitar la sobrecarga cognitiva, resulta recomendable:
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- Bloquear tiempos específicos en la agenda para estudio normativo.
- Priorizar fuentes confiables y sistematizadas.
- Evitar la consulta compulsiva de cambios fiscales durante tareas de concentración profunda (DeepWork).
La disciplina en la actualización permite proteger la capacidad de análisis y prevenir la saturación mental.
C. Fortalecimiento de redes de apoyo profesional
La participación activa en colegios, asociaciones o grupos profesionales cumple una función que trasciende la capacitación técnica. Estos espacios permiten:
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- Compartir experiencias comunes del gremio.
- Validar emocionalmente desafíos cotidianos.
- Reducir la sensación de soledad técnica.
- Construir comunidad profesional.
- La conexión con pares disminuye el aislamiento y refuerza el sentido de pertenencia, factores protectores clave frente al desgaste emocional.
Datos relevantes
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- INEGI (ENBIARE, 2021) reportó niveles de síntomas depresivos y de ansiedad en población adulta que evidencian la magnitud del problema en México. (INEGI, 2021).
- La NOM-035-STPS-2018 establece obligaciones para identif icar y prevenir factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo en México (STPS, 2018).
- La Organización Mundial de la Salud (2022) documenta la magnitud global de los trastornos mentales y la necesidad de fortalecer respuestas de salud mental.
- Estudios sobre burnout y profesionales de auditoría muestran evidencia de agotamiento en la profesión y su relación con demandas laborales (Maslach et al., 2001; investigaciones sectoriales 2020–2025).
Conclusiones
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- El futuro de la contaduría pública en México no depende exclusivamente de la incorporación de nuevas tecnologías ni del dominio exhaustivo del marco legislativo. Su sostenibilidad radica, además, en la capacidad de humanizar la práctica profesional y reconocer que detrás de cada dictamen, declaración o asesoría existe un profesionista expuesto a presiones cognitivas, emocionales y éticas significativas.
- Aceptar que el contador no es un procesador de datos infalible, sino un profesional que enfrenta tensiones permanentes derivadas de la responsabilidad fiduciaria y del cumplimiento normativo, constituye el primer paso hacia una disciplina más resiliente, consciente y ética.
- La salud mental del gremio no es un lujo ni un elemento accesorio; es la infraestructura invisible sobre la cual se sostiene la precisión técnica, la independencia profesional y la integridad de la fe pública. Proteger al profesionista implica fortalecer el sistema en su conjunto.
- Cuidar al contador es, en última instancia, el blindaje más sólido para garantizar la excelencia, la transparencia financiera y el cumplimiento normativo que la sociedad mexicana exige de quienes custodian la confianza pública.
Referencias
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- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2021). Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021.
- Loaiza, E., & Peña, A. E. (2013). Niveles de estrés y síndrome de Burnout en contadores públicos colombianos. Actualidad contable FACES, 16(26), 27-44.
- Maslach, C., Schaufeli, W. B., & Leiter, M. P. (2001). Job burnout. Annual Review of Psychology, 52, 397–422.
- Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2018). NOM-035-STPS-2018. Factores de riesgo psicosocial en el trabajo — Identificación, análisis y prevención.

