
C.P.C. Bertha Olivia Barajas González
Contadora General y Auditora para efectos del Seguro Social e INFONAVIT en Mojica & Barajas, S.C
Durante mis más de 25 años de trayectoria profesional he escuchado de muchos colegas y mentores la frase “aquí nadie es indispensable, hay fila esperando tu puesto”, he de confesar que al principio de mi trayectoria esa frase para mí significaba una amenaza, me angustiaba no ser suficiente para mi empleador, no cubrir sus necesidades quizá eso pesaba más que la simple idea de ser despedida. Con la experiencia profesional que el tiempo me dio, llego a la conclusión de que, además de ser una frase agresiva, y debo decir que, para estas épocas discriminatoria, es una frase que al momento de ser pronunciada baja la autoestima del colaborador, hasta del más entusiasta y entregado. Ahora pensar en ser sustituido por la IA, es también un mito y un reto al que debemos enfrentarnos.
Desarrollo
Hasta hace poco, digamos unos 30 años atrás, en las aulas de la universidad era lectura obligada para la materia de Administración el analizar las teorías X y Y de Douglas McGregor, las cuales recordemos consideraban al trabajador, por un lado, como alguien estático y pesimista, reacio a aceptar responsabilidades y por el otro como un ser optimista, dinámico y cuyo trabajo era un goce; dichas teorías nos permitían identificar a quien necesitaba de mayor supervisión, presión para laborar y/o motivación constante basada en recompensas, y para determinar cuáles eran esas recompensas el complemento lo encontrábamos en la pirámide de necesidades creada por Abraham Maslow, conocido por ser uno de los principales exponentes de la psicología humanista y cuyo postulado precisa la existencia en el ser humano de una necesidad de autorrealización, resumiendo que para algunas organizaciones bastaría con un sueldo competitivo para retener al capital humano durante mucho tiempo, puesto que así se satisfacían las necesidades de las dos primeras capas de la pirámide, es decir, las necesidades básicas o fisiológicas y de seguridad o protección consideradas como los pilares de la supervivencia humana.
Sin embargo, con el correr de los años y evolucionar de las generaciones, nos percatamos de que la gestión del capital humano en una organización no es tarea fácil; no basta con ofrecer seguridad económica y de salud que, si bien aún son importantes, ya no son lo único en la mente del trabajador. Con el tiempo el ser humano ha aceptado lo complicada que es su mente y han surgido más teorías y estudios que han establecido incluso categorías para determinar el tipo de inteligencia que cada ser posee y cómo esta puede coadyuvar al crecimiento de una organización; es precisamente Howard Gardner quien formula la teoría de las inteligencias múltiples por la cual le fuera concedido en 2011 el premio Príncipe de Asturias por sus valiosas contribuciones al ámbito de la educación. Dicha teoría sostiene que existen al menos 8 tipos de inteligencia emocional:
- La naturalista. Que muchos seres humanos desarrollan desde edad temprana en gran medida gracias a la influencia del ambiente familiar, escolar o social y que en esta época toma especial relevancia dado el notorio daño que la actividad humana ha causado en el medio ambiente, la gente con este tipo de inteligencia demuestra una notoria preocupación por cuidar de la fauna y flora, gente que dedica una parte de su tiempo o su vida entera al apoyo de estas causas, entre ellos los hoy llamados animalistas y aquellos que se han dedicado a luchar contra la deforestación;
- La corporal cinestésica. Se refiere a la coordinación y el movimiento; un excelente ejemplo de esta inteligencia lo podemos encontrar con las mecanógrafas desde los años 50s aquella capacidad que ya pocos poseen de escribir sin voltear a ver las teclas y utilizando los diez dedos de las manos u otro ejemplo más reciente con la generación X donde tomó importancia el desarrollo de lo que fue llamado por los pedagogos “la capacidad motora fina” en gran medida gracias a los videojuegos y que a la fecha nos permite ver grandes cirujanos, chefs, bailarines y deportistas coordinando de manera sincrónica casi perfectos movimientoscorporales;
- La musical. ¿Han conocido gente que no puede concentrarse sin música, gente que adora ponerle ritmo a todo o de todo saca una canción o pequeñas oraciones con un cierto ritmo como jingles de televisión? Esas personas han desarrollado esa inteligencia emocional. Este tipo de inteligencia, según Gardner, está latente en todos los seres humanos en mayor o menor medida y a lo largo de nuestra vida ha formado parte de nuestro proceso de aprendizaje, de ahí que la mayor parte de las actividades a nivel preescolar involucren música y ritmo;
- La lógico-matemática. Una de las inteligencias más reconocidas en la sociedad, las personas que tienen este tipo de inteligencia por lo regular son las que realizan operaciones matemáticas sin necesidad de algún instrumento ya sea calculadora, computadora o incluso un ábaco y si bien es cierto que es posible para todos el desarrollarla, desafortunadamente nuestra sociedad y su método de enseñanza hace que esto sea difícil y pesado para un gran porcentaje de seres humanos;
- La espacial. Este tipo de inteligencia según Gardner, implica tanto la capacidad de las personas para ubicarse dentro de un plano y saber hacia dónde se dirige (en la calle, por ejemplo) como la capacidad de desarrollar su imaginación y creatividad, encontramos este tipo de inteligencia en los escultores, pintores, cineastas, fotógrafos, en fin, todos aquellos que han hecho de las artes plásticas su modo de expresión;
- La lingüística. Se dice que los seres humanos somos los únicos seres vivos capaces de comunicarnos de diferentes formas tanto escrita como verbal e incluso con señas, sin embargo, para que nos sea reconocida como inteligencia emocional debemos de desarrollar la comunicación efectiva en los ámbitos de nuestra vida social y es aquí donde profesiones como docencia, mercadotecnia, periodismo, literatura, actuación e incluso la política evidencian a las personas que poseen este tipo de inteligencia emocional;
- La interpersonal (o también llamada social). Muy similar a la lingüística y de las inteligencias más buscadas en estos tiempos, las personas que la poseen demuestran un alto grado de empatía lo que los pone en una posición privilegiada dentro de grupos y organizaciones en las cuales no solo actúan como jefes, sino que desarrollan la capacidad de reconocer y estimular el potencial de su equipo llevando así a la cima del éxito a la organización;
- La intrapersonal. Que en mi opinión es la más difícil de desarrollar, pues viene de la mano de un exhaustivo conocimiento de uno mismo, ya que implica el control de las emociones sobre todo en profesiones como la abogacía y la psicología, el conocimiento de lo que uno busca y pretende como ser humano y no solo como miembro de una organización; el no tomarse todo a personal y la lucha constante contra el ego profesional para lograr un desarrollo organizacional que son sin duda temas relevantes y fuertes para cualquier persona, puesto que ahí no se compite con nadie más que con nuestra propia mente.
Así, al identificar qué tipo de inteligencia posee cada ser humano, se potencian sus capacidades en sociedad y se contribuye a su realización. De hecho, Daniel Goleman, psicólogo estadounidense cuya fama se debió en gran medida a la publicación de su libro “Inteligencia Emocional” en el año 1995 ya había mencionado que el correcto manejo de la inteligencia interpersonal es uno de los puntos fuertes de todo ser humano para alcanzar su realización tanto profesional como personal.
Si bien todas estas teorías tienen cierto tiempo en el ámbito profesional, tomaron mayor fuerza y reconocimiento derivado de la pandemia de 2020, la cual vino a mostrar al mundo la fragilidad de la salud mental incluso priorizándola por encima de las necesidades básicas de la población en general, tanto qué derivado de ello en nuestro país se emitieron normas referentes al cuidado de la salud mental y programas públicos para la creación de entonos seguros y saludables llegando estos a reforzar los programas establecidos desde hace años por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) referentes a Seguridad e Higiene en el trabajo.
Con tantos avances a la fecha parece increíble que algunas organizaciones aún no apuesten por aplicar las estrategias necesarias para mantener una plantilla sana y duradera de personal y no solo estamos hablando del costo económico que implica la frecuente rotación sino del desgaste tanto físico como emocional de un equipo mal liderado, sin objetivos claros, con altas exigencias académicas, pero sin programas de capacitación internos para solucionarlo, amén de los raros y cuestionables procesos de contratación en los cuales muchas veces solo piden la edad del postulante, retribución económica, tiempos de traslado y capacidades técnicas del personal a seleccionar dejando de lado las capacidades personales e intelectuales que pudieran ser desarrolladas en un mediano plazo dentro de una organización sanamente dirigida.
Pero esto no es solo culpa de las necesidades de la parte operativa, la cabeza tiene mucha responsabilidad en este punto cuando la urgencia de crecer para generar utilidades inmediatas es la prioridad de la organización y se deja de lado todo plan que promueva el crecimiento profesional de los engranes que, irónicamente, son los que llevarían a la consecución del objetivo principal de la cabeza: crecimiento económico inmediato; y así terminamos en una especie de vórtice que, irremediablemente los llevará al fracaso organizacional a corto-mediano plazo.
Si bien es cierto que la Inteligencia Artificial (IA) ahora nos ofrece la opción de sustituir una secretaria con buena redacción por el ChatGPT o un auxiliar contable que se encarga de la correcta captura de pólizas por centro de costos por un software de descarga de XML del portal del SAT, no olvidemos que toda esa inteligencia artificial ha sido creada y, por tanto, alimentada por inteligencia humana y que, al menos hasta este momento, carece del razonamiento que un profesionista experto en la materia pudiera dar a cada situación otorgándole esa peculiaridad que lo caracteriza. Todo sistema es perfeccionable, todo en esta época tiende a la automatización, eso es irrefutable, pero la intervención humana aún no es prescindible del todo y la experiencia del factor humano es pieza clave para el crecimiento de organizaciones y de sistemas; solo pensemos: si tenemos algún software en nuestra organización que facilita nuestro trabajo, ¿quién lo creó para satisfacer la necesidad que en su momento presentamos? Claro está que fue un ser humano, un colaborador de nuestra organización debidamente capacitado y motivado.
Toda necesidad en este mundo fue cubierta en su momento por un ser humano que la vio, analizó y tuvo las herramientas para cubrirla. Seamos esa organización que genera satisfacción de necesidad, viendo más allá de solo cubrir las necesidades primarias de nuestros empleados y convirtiéndolos en colaboradores. Recordemos que las organizaciones per se son grupos de personas que trabajan de manera coordinada para la consecución de un objetivo específico y, por tanto, el factor humano dentro de ellas es el elemento primordial para su existencia, ya lo dice el viejo y conocido proverbio africano “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”.
Conclusiones
A pesar de que la IA nos ofrece facilitar las labores del día a día, algo que en estas épocas de gran competencia y prisas resulta primordial, el capital humano es indispensable en toda organización independientemente de su tamaño, pues son estas personas quienes alimentarán el “criterio” que la IA aplicará posteriormente. Cualquier organización que apueste por la capacitación y cuidado (tanto económico como emocional) de su personal está invirtiendo de manera correcta sus recursos aún en estos tiempos en los que muchas organizaciones apuestan más por una máquina.
Bibliografía/Referencias
- Gardner, H. (1983). Frames of Mind: A Theory of Multiple Intelligences. New York: Basic Books.
- Douglas, M. (2001). El Lado Humano de la Organizaciones. McGraw-Hill Spanish.
- Maslow, Abraham. (1943). A Theory of Human Motivation. Start Publishing.
Revista Excelencia Profesional Mayo 2025