Certificación Contador Público México

L.C.P.C. Luis Armando Jiménez Bravo

General Manager en Servicios Estratégicos y Coaching

Existe una herencia de la Revolución Industrial que permanece en las empresas y negocios hoy en día, y es la medición del desempeño desde un eje particular:el tiempo.

Más horas equivalen a más productividad, lo que se ha traducido en que más tiempo esté alguien “presente en su puesto”, mejor uso se hace de su salario. Sin embargo, la realidad actual muestra otros datos; México se destaca por jornadas largas con una productividad por hora relativamente baja (OECD, 2023 y 2024) lo que evidencia que el tiempo que se destina “estando en su puesto” ya no es un indicador confiable de valor.

Es necesario actualizar nuestras referencias y comprender que contratar personas, usar tecnología o rediseñar jornadas no es únicamente un tema de costos, sino de conservación y uso inteligente de la energía humana. Desde esa visión y en conjunto con mi socia, nos surgió una premisa contraintuitiva
pero poderosa; hay momentos en los que lo mínimo es suficiente.

Lo mínimo como punto de palanca

Imaginemos una escena cotidiana del hogar; limpiar diariamente el piso de una casa grande y amueblada. No solamente es pasar la escoba para luego trapear, sino que también es necesario mover muebles, agacharse, levantarse, cargar, recoger, vaciar, vigilar, reacomodar, etc., lo que llamaremos “mini tareas”. Podemos imaginar la fatiga que esto puede representar, podemos sentir el cansancio de la repetición y que el cansancio no solo es físico, sino también se vuelve mental, porque después de terminar la limpieza aún hay que continuar con el día, y decidir a qué dedicar la atención restante.

En ese escenario, solemos pensar en dos únicos enfoques para esta actividad compuesta de varias mini tareas; “o lo sigo haciendo yo o tengo que contratar a una persona para esta actividad”. Si no podemos acceder a esa persona ideal para la limpieza, el resultado es que el desgaste continúa como antes, porque sólo teníamos dos opciones en nuestro radar. No obstante, podríamos considerar un enfoque distinto: preguntarnos qué parte específica de la actividad es la que más nos agota, tal vez lo más agotador no es pasar la escoba o trapear, sino quitar y regresar los muebles.

Tal vez lo más agotador para un contador no es estudiar y preparar papeles de trabajo, sino lidiar con el funcionamiento de las plataformas digitales de la autoridad; tal vez lo más cansado para un auditor no es estructurar y soportar su dictamen, sino tener que perseguir a las personas para obtener información completa y tal vez lo más pesado para mí no fue escribir este artículo, sino buscar referencias que apoyaran mi opinión.

Cuando aceptamos que no hay necesidad de un “todo o nada”, se abre espacio para considerar que existen soluciones parciales, pero efectivas. Que es suficiente si tengo a alguien que solo mueva los muebles, un sistema que solo automatice conciliaciones, una persona que solo se encarga de dar seguimientos, una herramienta que solo busque referencias.

Lo mínimo deja de ser visto como mediocridad para convertirse en un punto de palanca; una pequeña acción focalizada, que tiene como fin, disminuir el desgaste y permita la conservación energética para las actividades de mayor valor.

De contratar por tiempo a contratar por energía

La lógica industrial clásica asumía que el trabajador vendía su tiempo, y que el patrón buscaba obtener el máximo esfuerzo posible dentro de ese horario. De un lado, el empleador presionaba para que cada minuto rindiera al máximo; y del otro, el trabajador intentaba no perder su capacidad de aplicar esfuerzo en el futuro. Esta tensión, que se centraba en el esfuerzo físico y la jornada, sigue influenciando la manera en que muchas organizaciones interpretan hoy la productividad y los costos laborales.

Si el indicador principal es “cuántas horas está la persona trabajando”, entonces cualquier propuesta de semana laboral atípica, tales como; jornadas reducidas, esquema híbrido, home office o por objetivos, se percibe como un riesgo directo a la productividad y como un incremento casi automático
en el costo laboral. Basta con aplicar la fórmula tradicional costo/horas para “demostrar” que trabajar menos tiempo implica que “cuesta más” al negocio.

Sin embargo, la realidad es que esta típica ecuación de la que se basan muchos empresarios y dueños de negocios no toma en cuenta un factor crucial; lo que realmente contratamos no es el tiempo, sino el ahorro de energía y atención que nos permite redistribuir hacia otros frentes. Cuando delegamos una mini tarea específica que identificamos que es la que nos “drena”, liberamos recursos para actividades estratégicas, analíticas o creativas que aportan mucho más valor a la organización. Si el resultado es confiable, adecuado y de calidad, lo relevante no es si se tardó dos minutos o dos horas, sino cuánta energía permitió ahorrar.

Desde esta perspectiva, la contratación deja de estar centrada en llenar una jornada para reivindicar el salario y se orienta a construir un sistema de apoyo que conserve la energía de las personas clave. En general, todos deberíamos preguntarnos: “¿Cuál mini tarea pudiera delegar para poder liberar energía y enfocarme hacia actividades de mayor impacto?.

Hoy, una parte significativa del trabajo profesional es cognitivo, apoyado en tecnología, sujeto a marcos normativos, leyes y mercados complejos. La productividad ya no depende tanto del esfuerzo físico sostenido, sino del aprovechamiento inteligente de los recursos; procesos claros, creatividad,
actualización tecnológica, financiera y legal, adaptabilidad y reacción casi inmediata a los cambios a nivel micro y marco.

Si seguimos midiendo la productividad laboral con el mismo lente desgastado de la Revolución Industrial, cualquier reducción de jornada parecerá necesariamente un incremento de costo. Un cambio de referencia exige abandonar la obstinación de las horas para concentrarse en resultados, confiabilidad y bienestar, variables que impactan directamente en errores, ajustes, rotación y, por ende, en el costo total de operación.

Tecnología: aliada para conservar energía, no sustituta ciega

En paralelo, estamos viviendo un frenesí en torno a la inteligencia artificial y otras tecnologías, con narrativas que van desde la sustitución masiva de empleos hasta la promesa de automatización total, una herramienta digital disponible 24 horas todos los días de la semana parecería de inmediato más rentable que cualquier persona.

Pero, al igual que en el caso de las jornadas, este enfoque pasa por alto el propósito original de la tecnología: aliviar la carga de esfuerzo, reducir errores asociados al cansancio y aumentar la consistencia en los resultados.

Cuando tratamos a la tecnología como reemplazo directo del trabajador, pero mantenemos definiciones de trabajo basadas en referencias del siglo pasado, generamos caos: expectativas desalineadas, angustia, ansiedad, y temor.

Para cualquier negocio, la IA generativa, los sistemas de gestión y los algoritmos de análisis no deberían verse como adversarios, sino como auxiliares que realizan “lo mínimo suficiente” en ciertas etapas del proceso.

Cuando tenemos una visión clara, se vuelve más sencillo identificar el talento y la tecnología adecuada para construirla y mantenerla. Ya no se trata de buscar a “la persona perfecta que lo haga todo”, sino de diseñar un sistema cooperativo donde cada participante, humano o tecnológico, aporta en una parte específica del proceso.

A su vez, se definen límites y condiciones claras que guían tanto a las personas como a las herramientas hacia un objetivo común. Lo mínimo suficiente, en este contexto, no es resignación, sino diseño: el resultado de una visión bien planteada que tiene claridad respecto de qué delegar, qué automatizar y qué reservar para el criterio profesional.

Conclusión

En la administración de negocios y la gestión de equipos, insistir en que solamente es válido aquello que resuelve el cien por ciento del problema, nos condena a un desgaste permanente. La metáfora de la limpieza del piso de la casa muestra que muchas veces lo que necesitamos no es un reemplazo total, sino apoyo en la mini tarea específica que más nos agota. Cuando permitimos que otra persona o una herramienta tecnológica se encargue específicamente de esas actividades desgastantes abrimos espacio para dedicar nuestra atención a la labor que realmente exige nuestro juicio profesional.

La herencia de la revolución industrial ya no es funcional en un entorno donde el trabajo es principalmente cognitivo y apoyado en tecnología. Las semanas laborales atípicas y el uso inteligente de herramientas digitales no son, por definición, una amenaza a la productividad (El Economista, 2025), sino oportunidades para replantear qué entendemos por valor y cómo lo medimos. El verdadero costo de mantener referencias obsoletas no se encuentra en la nómina ni en la licencia de software, sino en la energía desperdiciada en tareas que podrían delegarse, automatizarse o rediseñarse.

Tener una visión clara, rodearse de talento complementario y aprovechar la tecnología como auxiliar confiable nos permite construir, de manera cooperativa, los resultados que clientes, empresas y sociedad requieren.

En un mundo en transición, donde pareciera que todo se acelera, “lo mínimo es suficiente” es un enfoque estratégico: el arte de colocar nuestra energía donde genera mayor valor, de redefinir nuestras referencias y de construir, paso a paso, la visión que elegimos.

Y como últimas palabras, informo que utilicé la IA para ayudarme a encontrar las referencias y así concentrarme en lo que más valoro, que son mis palabras hacia ustedes, para mí lo mínimo fue suficiente.

 

Referencias

Revista Excelencia Profesional

Mayo 2026

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04 de mayo de 2026Compartir