
L.C.C. y Mtro. José Longinos del Carmen González Sánchez
Integrante del Consejo Técnico Consultivo Contable del CINIF
Actualmente, se observa a la certificación profesional como una oportunidad para que contadores quieren destacarse en su labor mediante un reconocimiento que le permita demostrar su capacidad y el adecuado ejercicio de su actividad o solo quieren dictaminar, sin embargo, esto no es del todo correcto, ya que la certificación profesional es un proceso social, no individual, por lo que para entenderla apropiadamente se debe recurrir a su origen, ya que se trata de un mecanismo de protección a la sociedad, es decir, se busca que las personas que se relacionan con un contador puedan hacerlo con seguridad a sabiendas de que la certificación ampara sus conocimientos para un adecuado desempeño de sus funciones.
Por lo anterior, resulta necesario que un aspirante a ser certificado o quien ya posea esta distinción, retome la razón de ser de lo que esto representa, ya que se trata de un salvaguardar a las personas mediante la garantía de su trabajo avalada por la certificación, siendo inviable emplearla únicamente con fines individuales.
La proliferación de contadores puede llegar a confundir a las personas que buscan contratar o se relacionan con una persona de tal actividad, es por ello que deben conocer en qué consiste la certificación, lo que representa y tomar decisiones de contratación o promoción a partir de tal documento; al mismo tiempo, corresponde a colegios de profesionales la difusión del objetivo de la certificación, hacer llegar a empleadores y público en general lo relativo a este tema para que la sociedad tenga mayores elementos al relacionarse con un contador y no tomen decisiones de contratación o promoción a partir de elementos subjetivos y limitados, sino que más bien se apoyen en aspectos ya medidos comprobables y avalados por un proceso serio del que la autoridad tiene conocimiento y apoya. Como se observa, es labor fundamental de una agrupación de contadores, cuyo fin es social, proveer elementos para que quienes desean o necesitan la certificación logren ese cometido, pero siempre con miras al cuidado de la sociedad para que puedan obtener lo mejor de un contador que demuestra, mediante un examen de práctica profesional, su conocimiento y habilidad de aplicación, más la responsabilidad que implica mantenerse actualizado; aunado a lo anterior los colegios también colaboran como promotores de todo lo que representa un contador con esta denominación, una vez más cuidando al público, protegiendo a la sociedad. Debe dejarse de ver a la certificación como un requisito para efectos legales para quienes desean dictaminar, promoverse en una agrupación o contratarse en una empresa.
Recordemos entonces que la certificación comienza como algo voluntario y se mantuvo de esa manera por muchos años, hasta que la autoridad notó que quienes ostentan la certificación demuestran una capacidad diferente a los demás, es ahí cuando deciden incorporarla como requisito para efectos de auditoría, no obstante, con el paso de los años se ha malinterpretado esto pensando que solo deben certificarse quienes lo necesitan para efectos fiscales. Es Importante notar que la autoridad al momento de solicitar como requisito la certificación reconoce a la diferencia que se genera, distingue a unos profesionales sobre otros haciendo privativa una actividad (dictaminación) a partir de un documento específico como es un certificado, es decir, están cuidando relacionarse con profesionales que cumplan determinadas características ¿por qué no es así con las empresas o personas que contratan a un contador? Mucho es por la falta de conocimiento por parte de la sociedad, de ahí lo comentado previamente sobre la necesidad de difusión por parte de los colegios hacia las empresas, pero sin duda es imperante que sean incluso los mismos contadores certificados quienes promuevan la necesidad de este documento no solo hacia sus pares sino hacia quienes los contratan.
Si bien es cierto que existe una cédula profesional que ampara una adecuada preparación y cuenta con reconocimiento de estudios por la autoridad, con el paso del tiempo las personas se especializan, adquieren nuevos conocimientos y sobre todo experiencia, lo que contribuye a un juicio profesional más amplio con criterio para toma de decisiones y capacidad para evaluar problemas de la práctica profesional de mejor manera, es justo ahí donde se centra la certificación y lo que la diferencia sobre un título profesional. Como se aprecia, la certificación es continuación de los estudios de licenciatura, siendo distinta a los estudios de maestría o doctorado, ya que su enfoque es meramente práctico, atiende la resolución de problemas y no se vincula a la academia, desarrollo de conocimiento o investigación.
Es menester recordar que el Consejo de Normas Internacionales de Educación en Contaduría (IAESB por sus siglas en inglés), perteneciente a la International Federation of Accountants (IFAC), emite las Normas Internacionales de Educación, mismas que fueron traducidas al español como Pronunciamientos Internacionales de Formación, los cuales son obligatorios y tocan el desarrollo profesional inicial y continuo del contador mediante ocho pronunciamientos que van desde el requerimiento de ingreso a un programa de formación en contaduría hasta la competencia profesional en auditoría como culmen del desarrollo de un contador. Se trae esto a colación debido a que el pronunciamiento seis se denomina Evaluación de la competencia y trata justamente de la certificación profesional al establecer las disposiciones sobre la evaluación, su diseño, delimitación de la competencia a medir y los altos estándares que se necesitan sobre confiabilidad, validez, equidad, transparencia y suficiencia dentro de los programas de formación profesional en Contaduría.
Con lo anterior queda de manifiesto que la certificación no es un proceso o requisito local de la autoridad fiscal en nuestro país, esta visión reducida hace que se pierda de vista el enfoque global, mundial de la profesión y sus posibilidades. La IFAC, al conformar un consejo específico para delimitar y dar formalidad al desarrollo de un contador, dispone la obligatoriedad de que sus organismos (colegios) miembros cuenten con evaluación profesional de la competencia del contador, además encausada a contenidos mínimos y habilidades cognitivas que dispone en el cuerpo de sus pronunciamientos, particularmente el dos y tres, por lo que se observa que quienes ejercen la profesión en el mundo bajo los lineamientos de la federación internacional son certificados en su totalidad. Ello hace repensar a la profesión como una disciplina con competencias equivalentes en el mundo, ya que, salvo fiscal, lo relativo a normatividad contable, de auditoría y ética está fundamentado en disposiciones que se comparten por contadores en el mundo, amén de qué finanzas y costos no están limitados por disposiciones regulatorias locales, con ello queda de manifiesto que un profesional de la contaduría, a partir de la certificación, puede demostrar sus competencias que son equivalentes a lo que sucede en otras partes del planeta, visión que permea al momento de sujetarse a ese proceso.
Un aspecto fundamental, absolutamente destacable de la certificación profesional, es la posibilidad de poder contender sin discriminación alguna, sin aspectos que limiten las posibilidades de aspirar a la certificación, pocas cosas son así, donde no importa género, credo, condición social o económica, raza, escuela de proveniencia, presencia física, puesto actual en el trabajo, currículum o insumos para capacitación, por ejemplo; la certificación es perfectamente incluyente, ya que solo importa la capacidad que se demuestra ante circunstancias iguales para todos, no hay prejuicios o elementos subjetivos en ello, quedan fuera entonces opiniones o tendencias personales, por lo que puede apreciarse como una oportunidad a aprovechar para todos.
Con la certificación no hay pérdida, al comenzar el estudio para lograrlo se gana en conocimiento al retomar lo que se tenía poco presente, mejorar el dominio de un tema en el caso de que haya un conocimiento previo, investigar para actualizarse o allegarse de nueva instrucción, en todo ello se gana independientemente del resultado logrado, así que resulta en una práctica sana.
Para llegar al objetivo es preciso indicar que se requerirá disciplina y seguir un camino cierto, sin especulaciones, es una serie de temas técnicos, por lo que se requiere de capacitación o estudio serio, con fundamento, quedando de lado guías resueltas que ofrecen contenido con poco sustento que al final podrían distraer la atención del sustentante, ya que el Examen Uniforme de Certificación de la Contaduría Pública (EUC) está perfectamente fundamentado en normas de la profesión y aspectos específicos a evaluar, mismos que distan de guías comerciales.
En la preparación rumbo a la certificación el contador se retomará mucho de su licenciatura, ello debido a que con el tiempo un profesional suele especializarse en un área o subárea de la disciplina, sin embargo, la certificación contempla toda la profesión, de ahí que muchos la suelan llamar “general”. Se debe entender que la certificación es de mínimos, no máximos, es decir, evalúa lo mínimo indispensable para ejercer con seguridad, esto se comenta porque en ocasiones se tiene un malentendido al creer que se centra en puntos destacables de cada área, extraordinarias o mide aquello que rebasa el promedio de conocimiento, siendo realmente todo lo contrario, es más bien una demostración, mediante examen, de lo que se hace día a día, lo que un contador debe realizar con apego, en su gran mayoría, a disposiciones normativas de la profesión, por lo que quien ejerza de forma apropiada y fundamente su trabajo en normas o leyes solo tendría que demostrarlo ante ejercicios en un examen que resultan en lo más típico a resolver en la práctica profesional. Cabe señalar que si un contador ejerce sin fundamento técnico apropiado o su cimiento no es sólido, la probabilidad de acreditar disminuye, ya que el examen contiene una opción de respuesta correcta y distractores en lo que se podría caer, estos se definen como los errores más frecuentes que se comenten en la resolución de un problema, como consecuencia, al momento de calificar el examen se separa a los sustentantes, por una parte, se encuentran los que ejercen de forma correcta y con fundamento técnico y por otra los que ejercen de forma inapropiada y sin fundamento, por lo que sus respuestas salen de los establecidos en la normativa de la contaduría.
La certificación entonces transforma la profesión para dejar de lado lo que no tiene fundamento, ordena a quienes ejercen sin apego a disposiciones y homologa el conocimiento, al estandarizar permite colocar a la persona en un supuesto de competencia internacional lo cual, como se mencionó de forma previa, da certeza y seguridad a la sociedad.
La certificación se ejerce, no debe permanecer en un cajón, no es válido, ya que de esa forma se impide lograr el objetivo que es la práctica segura de los conocimientos, esto se comenta debido a que no es legítimo exhibir una certificación y tener una mala práctica profesional, sin fundamento u obsoleta, nada se habrá logrado entonces, se tendrá un documento que avala haber acreditado un examen, pero no la certeza social que se busca o si se conoce un tema, pero no se ejerce de forma apropiada intencionalmente podría haber dolo incluso dolo, de ahí que se comente que la certificación se lleve a la práctica, no solo se ostente.
Emprender el camino hacia la certificación puede transformar el ejercicio de un contador, siempre para la mejora y si bien es cierto que la persona está en ejercicio profesional, también requiere preparación, lo que lleva tiempo y dedicación, más cuando parte de las características del examen se encuentra la de máximo esfuerzo, es decir, se parte de que la persona evaluada está en un momento donde sus respuestas y conocimiento se encuentran a tope; esto podría agotar al sustentante, más si se contempla como cruzada.
En el sendero el sustentante puede encontrarse ante diversos impulsos que lo muevan hacia el estudio para lograr el objetivo, puede ser ambición personal o cumplir un requisito, lo cual ya se comentó o quizá se encuentre el sustentante con mayor conciencia de lo que representa la certificación o simplemente se ve como una opción a explorar, todo ello inicialmente alienta, pero no dura mucho y mientras se avanza y el estudio es más duro, podría transformarse la buena intención inicial o generar ansiedad, llevar a la desesperación, desilusión y miedo, todo ello agota a la persona y hace que decaiga, no dura es solo por un momento, así que se deberá recurrir a algo más fuerte, será buen momento para voltear hacia el amor, este es perene y se encuentra encima del miedo, ansiedad, consternación, cansancio, tedio y no se agota, no permite que lo demás afecte, así que es más conveniente el amor para efectos de la certificación, así como la conciencia de lo bueno al retomar la profesión, saber que con ello se contribuye, se suma y se es mejor, se crece, enriquece el interior, el beneficio está hacia uno mismo y su contribución social, sobrepasa por mucho a una visión de la certificación como mero requisito o ambición personal.
Al ejercer la certificación las personas con las que se relaciona un contador notarán que el profesional es mejor, ofrece mayor certeza, da seguridad y sus aportes tienen fundamento, además de favorecer a los negocios y las personas que trabajan ahí, por ende, de las familias de todos ellos, habrá entonces distinción y reconocimiento, ello vendrá como consecuencia de ser un contador con conocimientos firmes, actualizado y conciencia de su contribución, convencido de que su esfuerzo y capacidad están al servicio de quien lo requiera, ello redituará al ofrecer, sin limitaciones, lo que otros todavía no logran, al final podría haber más oportunidades para el contador certificado de manera sana y no solo como quien quiere trasladar el costo de la certificación a las personas que lo contratan.
Debido a que se trata de formación profesional y esta comienza con una licenciatura, es recomendable que las instituciones de educación superior volteen hacia los colegios para crear una relación que permita instruir a estudiantes no solo con miras a la obtención de un título, sino con el comienzo de una formación inicial sólida que sea compatible con la práctica que posteriormente se probará con la certificación profesional, ese vínculo facilita el desarrollo profesional para los estudiantes que a la postre estarán en activo y requerirán la certificación.
Enhorabuena para quienes son certificados, su práctica ha mejorado y aportan a las entidades; a quienes inician o han decidido iniciar el proceso se les reconoce también por esa necesidad de mejora que, bien encausada, sin duda sumará a quien se relacionan con ellos. Se invita a ambos a no olvidar la razón de ser de la certificación, a seguir con desarrollo continuo y continuar con la conciencia social de lo que la embestidura de la certificación representa.
Revista Excelencia Profesional Junio 2025
